1. Admito que en más de una ocasión he permitido que mi ego y el deseo de éxito terrenal impacten mi rol como líder.
2. He llegado a creer que Dios puede transformar los motivos, pensamientos y acciones de mi liderazgo.
3. He tomado la decisión de fundamentar mis esfuerzos de liderazgo en Dios y llegar a ser un aprendiz de Jesús.
4. Hago un inventario diario de los motivos, pensamientos y acciones de mi liderazgo que son inconsistentes con el modelo de liderazgo siervo.
5. Acepto ante Dios, ante mí mismo y ante otras personas importantes la naturaleza exacta de los vacíos de mi liderazgo –cuando me comporto de maneras que no agradan a Jesús.
6. Estoy totalmente listo para que Dios remueva todos los defectos de mi carácter que han creado vacíos en mi liderazgo.
7. Pido a Dios humildemente que remueva mis deficiencias y me fortalezca contra las tentaciones del reconocimiento, el poder, y el orgullo.
8. Estoy haciendo una lista de las personas a quienes he podido lastimar por mi liderazgo egocéntrico, y estoy dispuesto a compensarlas a todas.
9. He compensado a tales personas siempre que he podido, excepto cuando al hacerlo podría herir a otros.
10. Hago continuamente un inventario personal acerca de mi responsabilidad como líder, y cuando estoy equivocado, lo admito prontamente.
11. Busco alinear mis esfuerzos como líder siervo con lo que Jesús modeló desarrollando las disciplinas del retiro personal, la oración, y el estudio de las escrituras y buscando constantemente maneras de ser en primer lugar un siervo y en segundo lugar un líder para las personas que encuentro en mis responsabilidades de liderazgo.
12. Habiendo sufrido un “ataque al corazón” respecto a los principios del liderazgo siervo, he tratado de pasar este mensaje a otros líderes y practicarlo en todos mis asuntos.
